Snapchat, junto a Periscope e Instagram, forma el trío de apps más comentadas específicamente por los chavales (WhatsApp es tan usada por adultos como por menores).

Se trata de una aplicación de mensajería instantánea que además de enviar mensajes, permite publicar videos. Su principal gancho se centra en que los mensajes se “autodestruyen” (ya veremos si es del todo cierto) y que cuenta con filtros y efectos animados para los vídeos, como por ejemplo, poner hocicos de perro a las personas.

Usos Snapchat

En muchos casos, la app se está utilizando como un simple servicio de mensajería, como WhatsApp, incluyendo el envío de videos o imágenes con filtros, efectos, emoticonos y dibujos que hacen en esas imágenes.

En otros casos, y ya vamos a la característica esencial de Snapchat, se utiliza para enviar mensajes, videos o imágenes que queremos que se autodestruyan a los pocos segundos de ser vistos por receptor (máximo 10 segundos). Esta funcionalidad puede utilizarse para el envío de imágenes poco elaboradas (al contrario que en Instagram donde se busca maximizar lo estético) o tan cotidianas que no merecen permanecer en el tiempo ni ser vistas dentro de una semana.

Pero, cómo no, la autodestrucción también se usa para mandar mensajes e imágenes de carácter sexual o subidas de tono y protagonizadas por los propios menores. Y ese es el porqué de que en muchos blogs y webs dedicados a la sensibilización y la privacidad online hayan saltado todas las alarmas, con la excusa de una promesa de autodestrucción se trata de un servicio muy utilizado para la práctica del sexting.

Riesgos

Con lo planteado hasta ahora resulta obvio que el mayor riesgo en este servicio es la difusión de imágenes comprometidas de los menores, aunque ellos no lo ven así, porque “como esas imágenes se autodestruyen…”. Pero no es así, por más que se borren siempre se puede haber hecho una copia en el propio dispositivo (pantallazo) o utilizado otro para fotografiar la imagen.  Además, los chavales están convencidos de que no hay riesgo porque “si el otro hace un pantallazo Snapchat te avisa…”.

“La autodestrucción es un mito, cualquiera puede copiar el mensaje”

Y es cierto que la aplicación puede avisar, pero en lo que no caen es que aunque te avisen la copia ya está hecha, esa imagen ya está fuera de su control por mucho que sepan quién ha hecho la primera copia. Y por si era poco, actualmente proliferan las aplicaciones que hacen este tipo de copias sin que Snapchat lo detecte y pueda avisar al usuario.

En cuanto a los demás riesgos, destaca el grooming (el acercamiento de adultos hacia menores con intenciones de carácter sexual), esencialmente por estos usos ya mencionados que abren la puerta a dar el material que buscan y con el que poder iniciar un chantaje.

Además, existen otros riesgos como el uso de la aplicación para acosar o meterse con otros chavales (especialmente por poder editar las imágenes), conocido como ciberbullying, o la exposición de la privacidad de los menores de forma pública mediante las “historias” (un repositorio de videos e imágenes que se pueden publicar en los perfiles de Snapchat, aunque siguiendo esta tendencia a lo efímero solamente se mantienen públicos durante 24 horas).

Medidas de protección

Hasta aquí los usos y riesgos de esta aplicación, pero en cuanto a las medidas de protección podemos hablar de dos tipos: técnicas y educativas.

Las medidas técnicas se basan en la configuración de la aplicación:

  • Quién puede contactar con el menor. En la configuración de la aplicación se puede restringir la recepción de mensajes eligiendo entre todo el mundo o solamente nuestros contactos. De este modo cualquiera podría añadir a alguien a su lista de contactos y enviarle mensajes, pero esta persona solamente recibiría los de quienes tenga agregados en su cuenta de Snapchat.
  • Quién puede ver su historia. La otra configuración disponible se refiere a la visibilidad de los repositorios de videos. En este caso puede personalizarse para que ni tan siquiera todos los contactos puedan acceder a esos videos e imágenes.
  • Bloqueo de usuarios. En caso de que un usuario genere problemas, siempre existe la posibilidad de bloquearle y reportarle.

 

En cuanto a las medidas educativas, el primer paso es valorar si están capacitados para utilizar este servicio de mensajería. Hay que recordar que Snapchat señala que para su uso es necesario haber cumplido 18 años, aunque permiten su utilización a chavales de 13 a 17 si cuentan con permiso de sus padres. De nuevo, al igual que ocurre con otras muchas aplicaciones y servicios, son muchos los chavales que la utilizan sin cumplir estos requisitos.

Una vez decidido que sí pueden utilizar este servicio, y como medida educativa, destaca la comunicación con los chavales para que les podamos instruir sobre lo que es adecuado enviar a otras personas y lo que no, además de poder abrirles los ojos ante promesas como la de la autodestrucción de estos mensajes. Es muy importante mantener siempre estos canales de comunicación abiertos aunque en determinadas edades resulte más complejo.

En este caso, es necesario hacer hincapié en el tema de la confianza en los demás, ya que una idea muy extendida entre los menores es que este tipo de contenidos solo se comparten “con quienes realmente tienes confianza”, aunque esta confianza no tenga por qué estar realmente sustentada.

Por lo demás los consejos siguen la línea habitual sobre el comportamiento online:

  • Saber respetar a los demás
  • No utilizar imágenes o videos en las que aparecen otros sin su consentimiento
  • Nunca utilizar los servicios online para insultar o acosar a otros
  • Siempre que tengan un problema acudan a nosotros en busca de ayuda para resolverlos

Y por vuestra parte ¿habéis encontrado otros problemas con esta aplicación? ¿Y con otras que se hayan puesto de moda entre los chavales? Ya sabéis que vuestros comentarios son siempre bien recibidos, sois una gran fuente de información para mantenernos al día sobre lo que ocurre con los menores y las TIC.

Fuente: OSI